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Historia de la orquesta / Unidad 3: El siglo 20 / La orquesta en el siglo 20

Las orquestas de Stravinski

Las primeras obras modernistas de compuestas para el Ballet de Paris, El pájaro de fuego, Petrushka, y La consagración de la primavera se caracterizan por su tendencia primitivista, que buscaban producir shock en las audiencias europeas a través de su exploración de armonías y ritmos no convencionales. Por supuesto, el también recibe un tratamiento “maximalista”: La consagración de la primavera emplea una orquesta dimensiones enormes: de a cinco instrumentistas en cada una de las maderas, ocho cornos, cinco trompetas, tres trombones, dos tubas y una gran sección de percusión y una sección de cuerdas que incluye secciones de hasta 6 divisi en los contrabajos. Prácticamente cada uno de los instrumentos tiene pasajes solistas o combinaciones de secciones para ejecutar acordes politonales de hasta ocho notas diferentes.

En contraste, en las composiciones de su periodo neoclásico, como el Octeto para vientos, Stravinski reduce la orquesta a su mínima expresión: el enfoque es en la armonía y los ritmos, mientras que las dinámicas y las variaciones tímbricas desaparecen para dejar un sonido frío y “objetivo”, un sonido que se distanció de los excesos tanto del romanticismo como de los primeros movimientos modernistas, en una suerte de revolución tras la revolución.

En el periodo de los años 20, Stravinski sostenía, en tono polémico, que “la música, por su propia naturaleza, era esencialmente incapaz de expresar absolutamente nada”. Su tratamiento de la orquesta y el rechazo del concepto de “melodía de timbres” o Klangfarbenmelodie desarrollada por los expresionistas durante este periodo hace parte de esta actitud crítica hacia lo que para él eran rezagos románticos en los movimientos modernistas.

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